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La Coctelera

EL VUELO DE LAS TORTUGAS

Viajes, aventuras, historias, canciones, pensamientos, cosillas interesantes...de las tortugas voladoras

22 Diciembre 2006

Colombia forever, nuestro viaje: S.M día V

Pasan los días y el viaje a Colombia se ha quedado sin finalizar aquí en nuestro blog. Pero no van a pasar más.

Describí los primeros días, hasta la llegada a Santa Marta. Voy a continuar:

Al día siguiente de llegar a Santa Marta ya teníamos planeado lo que haríamos allí: a las cinco de la mañana del día siguiente nos esperaba el guía nuestro en frente del hotel. Nos llevaría caminando por el Parque Nacional de Tairona hasta llegar al Pueblito, una pequeña aldea Aruaka que se conserva en medio de la montaña.

Caminamos con él hasta el mercado, donde compramos fruta, queso y pan de guayaba, unas arepas huevo para el desayuno y agua. Fue una experiencia única el adentrarnos tan temprano en el bullicioso mercado. Vimos cómo el guía miraba la fruta, hablaba con los vendedores, compraba, saludaba...nosotros dos, con mochila al hombro y ojos de curiosos, le seguíamos donde él iba.

Tomamos el autobús que nos llevaba al Parque Tairona, un bus que toman las gentes del lugar, donde igual que personas, suben materiales de obra (tubos y demás, que acomodaron en la parte de arriba), mujeres con bolsas de comida, niños que iban al colegio...gentes dispares, pero auténticas, estabámos respirando el verdadero día a día de la ciudad.

Llegamos a nuestro destino y tuvimos que esperar a que abrieran el parque. Pero en seguida comenzamos nuestra aventura. Nos llevaron en todoterreno hasta la entrada, ya empezamos a caminar. Las primeras dos o tres horas caminamos por senderos en la selva, parte baja y cercana al mar. Yo iba detrás de ellos, tomando fotos, probando unos frutos naranjas cercanos al camino (el guía los tomaba y yo, como curiosa irremediable, tenía que probar) y admirando el paisaje. Mi tortuga iba delante, pero pendiente en todo momento de mi, miraba con ilusión, maravillado igual que yo de la experiencia que íbamos a vivir.

Pasamos por una parte de playa. Allí paramos a tomar un refresco. Era uno de los sitios donde los caminantes se alojaban. Lleno de hamacas para la noche, habilitado con baños, fuente y bar...Incluso había por allí un indígena cortando hierba (parecía que hacía las labores de jardinero, pero la verdad parecía que lo hacía por ocupar su tiempo, mientras paseaba y miraba el camino). Le conseguí hacer fotos aunque...me advirtieron que no les gusta. Fui discreta, no se enteró.

Andando más lejos de esas playas fuimos a un mirador. Allí vivía una pareja en la parte de arriba, pero estaba habilitado para tod el mundo que quisiera ver el horizonte de mar y montaña que se podía disfrutar. Más fotos, más miradas, más momentos que sabíamos que siempre recordaríamos.

Este fue nuestro guía

Aquí dormían los que vivían en ese mirador, una pareja de hippies aventureros.

Antes de abandonar la playa hicimos otra parada. No había nadie, sólo nosotros tres. Allí sacamos el queso y la fruta, nos dimos unos baños y descansamos un breve tiempo. Nos esperaba una larga caminata...aunque eso no lo sabíamos.

A partir de dejar la costa, los caminos se fueron haciendo más empinados. El barro y el agua de los días lluviosos hacían más dificil la marcha. También el calor, la dificultad de los caminos y nuestra falta de costumbre. Pero poco a poco nos fuimos adaptando al medio. Antes seguíamos los mismos pasos del guía porque el camino era dificil, saltábamos por piedras, el camino era estrecho...pero lentamente nuestro instinto fue saliendo de su letargo y ya nuestros pies nos dictaban por donde ir.

En ese recorrido iba yo detrás del guía y delante de mi tortuga querida. Me tenían que ayudar a veces a saltar por piedras grandes, mis piernas eran más cortas que las de ellos...pero aguantamos como verdaderos aventureros. Sudando, cansados de horas y horas de subida...el hombre nos comentaba que muchos visitantes se habían dado la vuelta al ver que el camino no era tan fácil como se pensaban. Era y fue duro, pero lo justo. Lo justo porque nos permitió saborear la aventura, la satisfacción de llegar al Pueblito, de darnos la mano para ayudarnos mutuamente...descubrimos la satisfacción también de ver que a los dos nos gustaba la aventura, y fuimos conscientes de lo mucho que podíamos llegar a disfrutar haciendo más viajes así.

Tortugo, te recuerdo con la camiseta atada a la cabeza, chorreando los dos de sudor, riéndonos del incansable guía que cojo, viejo y encima fumador empedernido de marihuana, nos sacaba metros y metros de ventaja mientras nosotros veíamos que la subida no tenía fín. Nuestras miradas estaban puras, gozábamos de la naturaleza, de esa paz y de esa aventura inolvidable que la estábamos viviendo los dos...juntos. Fue un precioso día.

Llegamos al Pueblito después de no se cuánto tiempo (no teníamos hora! Dejamos los móviles en el hotel y a ninguno de los dos nos gusta llevar reloj. El guía tampoco lo llevaba....total, no hacía falta...sobraba el resto de la realidad).

El Pueblito era un conjunto de chozas y nada más. Una familia estaba allí a cargo. El hombre ofrecía bebida (sólo tenía bolsas de agua...pero algo es algo!) y te hacía firmar con tus datos y la hora tu visita a ese lugar. También es parte del control que se tiene en el parque natural. Tenía una hija, una niña de unos seis años que jugaba con un gato cerca de nosotros, la mujer se escondió en su choza.

La niña era una monada. Vestida de indígena, era una auténica niña aruaka. Me acerqué a ella, hablándola. La enseñé mi cámara de fotos. Sabía que no les gusta...pero estaba deseando fotografiarla para conservar el momento. La pregunté su nombre y la dije algunas cosas más. Yo con mi cámara me hice una foto para que sintiera curiosidad. La dije que si quería verse en esa máquina, igual que me veía a mí...y....lo conseguí! No miró a la cámara, no pude tampoco enfocar muy bien por miedo a que los padres me dijeran algo...pero queda el momento, queda la niña aruaka, el Pueblito...inmortalizado en nuestros recuerdos.

La parte final del camino, que pensábamos que estaba ya casi hecho fue muy dura igual. Pensamos que la subida se había acabado pero...qué digo!! Continuamos subiendo y subiendo...con barro, había mucho más barro por las lluvias de otros días. Y encima temíamos que se acercara una tormenta. Tuvimos que ir rápido, estábamos cansados ya pero seguíamos sonriendo! Y...creo que lo repetiríamos otra vez!


Cuando llegamos a la aldea o pueblo desde donde cogeríamos el bus de vuelta no nos lo creíamos. Eran ya las cinco o así (quizá algo antes). Allí intentamos asearnos algo, pero ni siquiera había baños ni nada parecido. Saltando una verja (que me indicó el señor del bar donde nos sentamos a refrescarnos) pude llegar a lo que era una especie de "sala de juegos ala interperie" (había mesas de pimpón viejas o algo así). Allí había un retrete, que mejor no pasar, y una especie de banco con un caño donde salía algo de agua. Ahí no me veía nadie y me pude lavar los pies y quitarme el barro, ponerme un pantalón y...poco más.

Cogimos el bus, llegamos a nuestro destino. Estábamos muertos pero felices, completamente felices de haber vivido lo vivido.

Lo peor fue el olor del mercado, ya cerrando, lleno de barro, de suciedad y de restos de pescado, frutas, basura...De verdad que entraban hasta náuseas, pero...también es parte del viaje ver esa parte del lugar.

Llegamos al hotel SATISFECHOS de nuestra aventura. Pudimos ducharnos , pero no descansar. Saliamos en breve a ver de nuevo al guía, para pagarle, ya en su tienda. Conocimos a su familia, nos dimos teléfonos y prometimos que volveríamos. Volveremos.

Se me olvidaba! Compramos una mochila aruaka preciosa, original y hecha en un poblado de camino a La Ciudad Perdida. Se la compramos a nuestro guía, y...es un entrañable recuerdo, su lana todavía tiene olor a selva.

Comimos, hablamos de lo vivido...fue para los dos un día mágico, que significó mucho. Supimos que teníamos espíritus viajeros y aventureros y que teníamos muchos lugares más por descubrir juntos. Qué felicidad.

servido por elvuelodelastortugas 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Nick Furia

Nick Furia dijo

Fantástica la crónica, dignas del propio Uatu... Y lo que me sugieren los paisajes en mi mente es cuán infinitamente inferiores somos... El planeta nos necesita!!!

Fuerza y honor.

22 Diciembre 2006 | 07:21 PM

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Sobre mí

Xing Xing y Neo creamos este blog para tener aquí nuestro espacio de recuerdos, de canciones, de pensamientos, de curiosidades, de temas que nos interesan.

Irá creciendo, día a día, mientras dure nuestro vuelo....

Dos tortugas estaban enamoradas del sol, la luna y las estrellas. Miraban al cielo cada noche y estiraban la cabeza para ver los astros más de cerca. Ocurrió un día que estas dos tortugas se encontraron. Supieron en unos instantes que compartían la misma pasión. Entonces una preguntó a la otra que si deseaba volar hacia las estrellas y recibió un sí por respuesta. Innmediatamente dijo la tortuga: '¡Pues volemos!', y se convirtieron en dos tortugas voladoras.

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