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EL VUELO DE LAS TORTUGAS

Viajes, aventuras, historias, canciones, pensamientos, cosillas interesantes...de las tortugas voladoras

Categoría: cine para tortugas

21 Enero 2007

Cine de estreno: Apocalypso

El imparable ocaso de una civilización. Mel Gibson reconstruye los últimos días del imperio maya precolombino en un filme polémico y muy violento financiado con los beneficios de 'La Pasión de Cristo'.

Director: Mel Gibson. Intérpretes: Rudy Youngblood, Dalia Hernández, Jonathan Brewer, Morris Birdyellowhead.

(...) recrea, con pelos y señales, la etapa de esplendor más decadente del legendario imperio Maya, mezclando datos científicos contrastados con delirios fantasiosos de todo tipo.

Protagonizada por actores no profesionales y hablada en dialectos indígenas, 'Apocalypto' narra una historia de amor incondicional y violencia extrema, aderezada con vertiginosas persecuciones, sacrificios humanos e imágenes de increíble belleza selvática. Es cine de acción en estado puro. Cien por cien adrenalínico.

"La razón principal que me llevó a rodar esta película", ha confesado Gibson, "fue la de poder filmar una persecución a pie realmente emocionante. Algo nunca visto antes en el cine. Lo que he querido es que los espectadores se quedasen clavados a sus butacas. Sin aliento. Hipnotizados por las imágenes. No sé si lo habré conseguido, pero esa era mi intención".

'Apocalypto' se rodó en Veracruz y Oaxaca, México, y en diversas localizaciones de Costa Rica y Reino Unido, con un presupuesto de 40 millones de dólares (80 millones, según fuentes no oficiales).

Gibson utilizó cámaras digitales de alta definición para rodar todas las secuencias (llegó a grabar más de 300 horas de material). El rodaje tuvo lugar entre noviembre de 2005 y julio de 2006 (cuatro meses más de lo previsto).

El diseñador de producción Tom Sanders ('Braveheart', 'Salvar al soldado Ryan') reconstruyó una ciudad maya con todos sus barrios, basándose en las ruinas que aún se conservan en México. El compositor James Horner ('Titanic'), en un tono más inquietante e intimista que de costumbre, se encargó de la banda sonora original.

Dean Semler ('Mad Max 2') se ocupó de la imagen: "Intentamos sacar todo el partido posible a las nuevas tecnologías digitales", señala el director de fotografía. "Gibson obligó a los actores a actuar en falsa cámara lenta e incluso les pidió correr hacia atrás en algunas secuencias, con tal de conseguir el efecto visual que quería. Es un director muy imaginativo en ese aspecto: sabe exactamente lo que quiere ver en pantalla, y hace lo que sea con tal de conseguirlo".

'Apocalypto' ha sido comparada por algunos críticos norteamericanos con películas de culto como 'El malvado Zaroff' (Ernest B. Schoedsack e Irving Pichel, 1932) o 'La presa desnuda' (Cornell Wilde, 1966), por la intensidad de sus escenas de caza al hombre.

"El cine de acción no necesita diálogos para emocionar al público" ha asegurado Gibson. "Lo ideal sería hacer una película de este tipo sin que los personajes hablasen. La fuerza de las imágenes debería ser suficiente para captar la atención de los que ven la película. Ese es el tipo de película que yo quiero ver. Eso es lo que he querido hacer con 'Apocalypto'".

Fuente: El Mundo 20/01/07

***

En El Mundo también, encontramos el artículo de una historiadora (Mónica González Medina) con respecto a la fidelidad con la historia de los Mayas que hace o no hace Mel Gibson en su película:

Esta cultura maya, que no fue uniforme debido a las variantes locales y temporales, es susceptible de una división temporal. Aunque sus orígenes se remontan hasta finales del segundo milenio a. C., son tres grandes épocas las que podemos diferenciar; la Formativa y Protoclásica (800 a.C.-250 d.C.), la Clásica (250-900) y por último la Postclásica, que finaliza con la llegada de los españoles, que se encuentran con una sociedad descentralizada y dividida.

'Apocalypto', al más puro estilo hollywoodiense, es una parábola de lo que fue la civilización maya, no un documental como nos hace pensar el lenguaje maya yucateco en el que está rodado. Planteada anacrónicamente, nos desliza por la línea del tiempo a través de los diferentes periodos de esta gran civilización.

El contacto con los conquistadores -escena final de la película- nos sitúa en la época Postclásica, mientras que a lo largo del filme se muestran imágenes de las ciudades propias del esplendor de la época clásica. El gran colapso de los mayas, que afectó a las Tierras Bajas, llega entre los siglos IX y X y motivó un paulatino abandono de las ciudades.

La cinta de Gibson incurre continuamente en un estado de confusión. La confrontación entre la ciudad y el poblado, plasmada en una ciudad dominada por las construcciones más representativas de los mayas -como las inmensas pirámides, el observatorio astronómico o el campo del juego de pelota- y cargada de depravación frente a un poblado casi idílico y a sólo un día de camino es poco creíble.

Sí es cierto que las culturas mesoamericanas realizaban sacrificios humanos, rituales cuyo objetivo era poner orden en el desorden, como es el caso de la catástrofe natural (sequía) que se describe en el filme.

Para ello existieron diversos tipos de muertes rituales, entre los que se cuentan la extracción del corazón, sacrificio representado en las estelas 11 y 14 de Piedras Negras, o la decapitación, sobre todo en la época clásica, que tenía como finalidad fertilizar los campos.

Pero están planteados con una crueldad llevada al extremo y mezclando rituales de diferentes épocas, y, además, no se incide en la idea del inframundo.

Las diferencias sociales quedan marcadas por la indumentaria y los adornos, pues la elite luce suntuosas joyas realizadas en jade y ropas bordadas. También observamos los tatuajes, las escarificaciones decorativas y las incrustaciones de jade en los dientes.

La indumentaria, los tatuajes y la joyería están dominados por ciertos estereotipos: algunos, como el uso del jade en pendientes y sortijas, verosímiles; y otros, como las cuentas que recorren toda la cara y luce la mujer de Garra de Jaguar, puramente ficticios.

El revuelo que ha despertado la película entre la comunidad indígena está más que justificado, ya que muestra únicamente la cara más violenta de esta civilización, cuando en realidad, y ante todo, fue una de las más ricas y desarrolladas de su tiempo.

* Mónica González Medina es historiadora, especialista en Historia de América.

Fuente: El Mundo 19/01/07

Tags: cine

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15 Octubre 2006

Maria Antonieta, película interesante

Próximamente se estrenará esta peli, aquí podemos ver el trailler, interesante:

María Antonieta de Sofia Coppola

:)

Mientras tanto, saquémosle el polvo a la enciclopedia y recordemos su biografía:

María Antonieta Josefa Juana de Habsburgo-Lorena (Viena; 2 de noviembre de 1755 – París; 16 de octubre de 1793), princesa real de Hungría y de Bohemia, archiduquesa de Austria, reina consorte por su matrimonio con Luis XVI de Francia y de Navarra (1774–1793) , más conocida bajo el nombre de María Antonieta de Austria.

María Antonieta fue muy despilfarradora, por eso se ganó el apodo "Madame Déficit".

Biografía

En Viena

Hija del emperador romano Francisco I, gran duque de Toscana y de su esposa María Teresa I, archiduquesa de Austria, princesa de Hungría y reina de Bohemia, nace el 2 de noviembre de 1755. Es la décimo-quinta y penúltima hija de la pareja imperial. De ella se encargan las ayas, gobernantas de la familia real, (Mme de Brandeiss y la severa Mme de Lerchenfeld) bajo la estricta supervisión de la emperatriz, que tiene ideas muy básicas sobre la educación de los hijos: higiene severa, régimen estricto y fortalecimiento del cuerpo. Pasa su infancia entre los palacios de Hofburg, en Viena, y el de Schönbrunn.

La emperatriz ya se esfuerza por casar a su hija con el mayor de los nietos de Luis XV, que tiene, más o menos, la misma edad que ella; al mismo tiempo acaricia la idea de unir a otra de sus hijas, Isabel, con el viejo rey Luis XV. Se trata de sellar la alianza franco-austríaca nacida de la famosa « caída de las alianzas » concretada en 1756 por el tratado de Versalles, con el fin de neutralizar la ascensión de Prusia y la expansión de Inglaterra.

Cuando Maria Antonieta tiene 13 años, la emperatriz, vieja dama y viuda, se interesa más por su educación con el fin de casarla. La archiduquesa toma lecciones de clave con Gluck, y de baile (francés) con Noverre. Cuando su madre elige además a dos actores para darle clases de dicción y de canto, el embajador francés protesta oficialmente (los actores pasan entonces por personajes poco recomendables). María Teresa I le pide entonces que nombre a un preceptor aceptado por la corona de Francia. Será el abad de Vermond, admirador del Siglo de las luces y aficionado a las Bellas Artes que, enviado a la corte imperial, iba a reparar las lagunas en la educación de la joven archiduquesa y comenzar a prepararla para sus futuras funciones.

El 13 de junio de 1769, el marqués de Durfort, embajador de Francia en Viena, realiza la petición de mano para el Delfín. María Teresa I acepta de inmediato. En Francia, el partido devoto, hostil por la caída de las alianzas llevada a cabo por el duque de Choiseul en favor del enemigo sempiterno llama ya, a la futura delfina, "la Austríaca".

Delfina María Antonieta por Vigée Lebrun (1783)

El 17 de abril de 1770, Maria Antonieta renuncia, oficialmente, a sus derechos sobre el trono archiducal austríaco, y el 16 de mayo se casa con el delfín en Versalles. El mismo día de la boda, se produce un escándalo de protocolo: las princesas de Lorena, alegando su parentesco con la nueva delfina, se permitieron bailar antes que las duquesas, grandes damas de la nobleza, que murmuran ya contra "la Austríaca". Y por la tarde, 132 personas mueren asfixiadas en la calle, en medio del regocijo público.

Joven, bella,inteligente, heredera de Habsburgo y con un árbol genealógico impresionante, su llegada aviva también los celos del pequeño mundo de la nobleza versallesca y de las múltiples y dudosas alianzas. Pero, la joven delfina tiene miedo de acostumbrarse a su nueva vida, su espíritu se pliega mal a la complejidad y a la astucia de la "vieja corte", y al libertinaje de rey Luis XV y de su amante Madame du Barry. Su marido la evita, (el matrimonio no se consuma hasta julio de 1773), ella trata de acostumbrarse al protocolo y a la ceremonia francesa, y aborrece tener su corte.

Por otra parte, María Antonieta es aconsejada, desde real betis, a través de la voluminosa y sesgada correspondencia que mantiene con su madre y con el conde de Mercy-Argenteau, embajador de Austria en París –conde de Mercy, la única persona con la cual puede contar, ya que Choiseul murió unos meses después de su matrimonio, víctima de una conspiración provocada por Madame du Barry, la todopoderosa amante de Luis XV. Esta famosa correspondencia secreta de Mercy-Argenteau es una fuente de información extraordinaria sobre todos los detalles de la vida de Maria Antonieta después de su matrimonio en 1770 hasta el fallecimiento de María Teresa I en 1780. Según el autor de un libro en el que se recoge dicha correspondencia: "Estos documentos originales no sólo nos desvelan su intimidad, sino que nos revelan también cómo, Maria Antonieta, desprovista de experiencia y falta de cultura política, fue manipulada por su familia austriaca a la cual ella estuvo siempre ligada"

Reina de Francia

El 10 de mayo de 1774, Luis XVI y Maria Antonieta se convierten en los reyes de Francia y de Navarra, pero su comportamiento no cambia mucho. Desde el verano de 1777, las primeras canciones hostiles empiezan a circular. Maria Antonieta se rodea de una pequeña corte de favoritos la (princesa de Lamballe, el barón de Besenval, el duque de Coigny, la condesa de Polignac) suscitando las envidias de otros cortesanos, multiplica su vestuario y las fiestas, organiza partidas de cartas en las que se apuesta fuerte


Su vida en la corte

Maria Antonieta intenta influir en la política del rey, nombra y destituye ministros caprichosamente o siguiendo los consejos, a menudo interesados, de sus amigos. Así, por una cabezonería, se inmiscuye en el caso Guines (embajador en Londres, acusado de una conspiración para llevar a Francia a la guerra), que provoca la caída en desgracia Turgot. El barón Pichler, secretario de María Teresa I, resume con mucho tacto la opinión general y escribe: "Ella no quiere ser gobernada, ni dirigida, ni siquiera guiada por las personas entendidas. Esta es la cuestión hacia la cual todos sus pensamientos parecen, hasta el presente, estar concentrados. Fuera de esto, no reflexiona demasiado, y el uso que ha hecho, hasta el momento, de su independencia es evidente pues sólo se ha preocupado de la diversión y la frivolidad".

Una verdadera campaña de desprestigio se monta contra ella desde su acceso al trono, circulan los panfletos, se la acusa de tener amantes (el conde de Artois, su primo, el conde sueco Hans Axel de Fersen e incluso de mantener relaciones con mujeres (condesa de Polignac), de dilapidar el dinero público en frivolidades o en sus favoritos, de seguirle el juego a Austria, dirigida por su hermano José II. Hay que reconocer, sin embargo, que ella ha hecho todo lo posible para favorecer al partido anti-austríaco, deponer de su cargo a D’Aiguillon, y sustituirlo por Choiseul, pero todo ha sido en vano. Versalles se queda vacío, huyen los cortesanos desdeñados por la reina y los que no tienen los medios suficientes para sostener los gastos de la corte.

El 19 de diciembre de 1778 Maria Antonieta tiene su primer hijo: es una niña, María Teresa, llamada "Madame Royale". El 22 de octubre de 1781 nace el delfín Luis-José. Pero los libelos han hecho correr rápidamente la noticia de que el niño no es hijo de Luis XVI. Luego de los nacimientos Maria Antonieta cambia un poco su forma de vida, pero sigue de cerca la construcción del "Hameau" en Versalles, una aldea en miniatura en la que la reina cree descubrir la vida campestre. se dedica a la caridad. El 27 de marzo de 1785 nace su segundo hijo, Luis-Carlos, duque de Normandía.

El caso del collar

En julio de 1785 estalla el "caso del collar": el joyero Bohmer reclama a la reina 1,5 millones de libras por un collar de diamantes encargado, en nombre de la soberana, por el cardenal de Rohan. Ella no se hace responsable. Insiste en arrestar al cardenal al que acusa de insultarla al achacarle la compra del collar, y el escándalo es inevitable. El rey confía el asunto al Parlamento que determina que la culpa corresponde a un par de aventureros, los pretendidos conde y condesa de la Motte y disculpa al cardenal de Rohan engañado, pero inocente. La reina, aunque inocente también, es tratada con gran desconsideración por el pueblo.

María Antonieta toma conciencia, por fin, de su impopularidad y trata de reducir sus gastos, especialmente los de su mansión, lo que provoca nuevas críticas y un gran escándalo en la corte cuando sus favoritos se ven privados de sus cargos. Todo es inútil, las críticas continúan y la reina se gana el apodo de "Madame Déficit", es acusada de estar en el origen de la política anti-parlamentaria de Luis XVI y de nombrar y destituir a los ministros. En 1788 es ella la que induce al rey a despedir al impopular Loménie de Brienne y sustituirle por Necker. Ya es demasiado tarde, Luis XVI ha sido demasiado débil.


La Revolución 1789

En 1789, la situación de la reina es insostenible. Corre el rumor de que Monsieur (futuro Luis XVIII) habría depositado en la asamblea de los notables de 1787 un dossier que probaba la ilegitimidad de los infantes reales. El rumor menciona un retiro de la reina en Val-de-Grâce. El abad Soulavie en sus Mémoires historiques y politiques del reinado de Luis XVI, escribe que se pensaba que María Antonieta "se llevaría con ella todas las maldiciones del pueblo y que la autoridad real sería, por este motivo, total y súbitamente regenerada y restaurada".

El 4 de mayo de 1789 se abren los Estados Generales. Después de la misa de apertura, sube al púlpito monseñor de la Fare que, con duras palabras ataca a María Antonieta, denunciando el lujo desenfrenado de la corte y de los que, hastiados de este lujo, buscan el placer en "una imitación pueril de la naturaleza" (contado por Adrien Duquesnoy en el "Journal sur l’Assemblée constituante"), alusión evidente al Pequeño Trianon.

El 4 de junio muere el pequeño delfín. Para evitar gastos se sacrifica el ceremonial de Saint-Denis. La actualidad política no permite a la familia real un sepelio solemne. Conmocionada por este acontecimiento, y desorientada por el cariz que toman los Estados generales, María Antonieta se deja convencer por la idea de una contra-revolución. En julio, Luis XVI destituye a Necker. La reina quema sus papeles y recoge sus diamantes, trata de convencer al rey para dejar Versalles e ir a una plaza-fuerte segura, lejos de París. Desde el 14 de julio, un registro de proscripción circula por París. Los favoritos de la reina están en primer lugar, y la cabeza de la reina tiene fijado el precio. Se la acusa de querer hacer saltar el Parlamento con una bomba, y mandar a las tropas sobre París.

El 1 de octubre se produce un nuevo escándalo: tras un banquete ofrecido a los guardias de corps, de la Casa militar, un regimiento de Flandes que acaba de llegar a París, la reina es aclamada, las escarapelas blancas son enarboladas y las tricolores pisoteadas. París está indignado por estas manifestaciones monárquicas y por el banquete dado cuando hasta el pan le falta al pueblo. El 5 de octubre, una manifestación de mujeres se dirige a Versalles pidiendo pan, y diciendo que van en busca del "panadero" (el rey), la "panadera" (la reina) y el "pequeño aprendiz" (el delfín). Al día siguiente, por la mañana, los amotinados, armados con picos y cuchillos, entran en el castillo, matan a dos guardias de corps y amenazan a la familia real, que se ve obligada a regresar a París escoltada por las tropas del Marqués de La Fayette y los amotinados. Durante el trayecto se lanzan amenazas contra la reina, e incluso le enseñan una cuerda prometiéndole una farola en la capital para colgarla.


La monarquía constitucional

El 10 de octubre Luis XVI está de nuevo en París. Con María Antonieta deciden solicitar la ayuda de los monarcas extranjeros, el rey de España Carlos IV y José II, hermano de la reina. Pero el rey de España responde con evasivas y el 20 de febrero de 1790 José II fallece. La Fayette le sugiere a la reina, con toda frialdad, que se divorcie. Otros hablan, casi con descaro, de emprender un proceso de adulterio y pillar a la reina en flagrante delito con el conde de Fersen.

Breteuil les propone, a finales de 1790, un plan de evasión. La idea es que dejen las Tullerías, y se refugien en la plaza fuerte de Montmédy, próxima a la frontera. La reina está cada vez más sola, sobre todo desde que, en octubre de 1790, Marcy-Argenteau se ha marchado de Francia para ocupar su nuevo cargo en la embajada de los Países Bajos, y de que Leopoldo II, el nuevo emperador, (otro de sus hermanos), elude sus peticiones de ayuda, como monarca filósofo, le aconseja a su hermana que acepte los dictados de la nueva Constitución. El 7 de marzo, una carta de Mercy-Argenteau dirigida a la reina es interceptada y entregada a la Comuna. Otro contratiempo para la reina, una prueba que pone de manifiesto su intención de vender la patria a Austria.

El 20 de junio, se produce la evasión, la desafortunada expedición a Varennes. Rápidamente París se da cuenta de la fuga, aunque La Fayette intenta hacer creer que el rey ha sido raptado por unos contra-revolucionarios. La familia real, cerca de París, no se siente muy segura. Desdichadamente, su berlina, lleva un retraso de más de tres horas, y así, cuando llegan al primer lugar de encuentro, el relevo de Pont-de-Somme-Vesle, las tropas prometidas se han retirado pensando que el rey ha cambiado de idea. Poco antes del mediodía la berlina es detenida en Varennes-en-Argonne. El conductor del relevo precedente, en Sainte-Menechould, ha reconocido al rey. Se producen unos momentos de nerviosismo, nadie sabe qué hacer y, durante este lapsus, la muchedumbre llega a Varennes. Por último, la familia real amenazada y en medio de una situación muy violenta, es devuelta a París.

Después de Varennes

Interrogado en París por una delegación de la Asamblea Constituyente, Luis XVI contesta con evasivas. Sus respuestas, hechas públicas, suscitan la ira del pueblo, que reclama el derrocamiento del rey. María Antonieta, se entrevista, secretamente con Antoine Barnave, que quiere convencer al rey para que acepte su papel de monarca constitucional. El 13 de septiembre, Luis XVI, acepta la Constitución. El 30, la Asamblea constitucional se disuelve y es reemplazada por la Asamblea legislativa, aunque los rumores de guerra con las monarquías próximas, en primer término, Austria, se hacen patentes. El pueblo se revuelve contra María Antonieta, a la que califican de "monstruo femenina" e incluso de "Madame Veto"; acusándola de querer sumir a la capital en un baño de sangre. El 3 de agosto de 1792, el manifiesto de Brunswick, inspirado por Fersen, termina de inflamar al pueblo.

El 10 de agosto se produce la insurrección. Las Tullerías son asaltadas, el rey se refugia en la Convención, que vota su suspensión provisional, y ambos son internados en el convento de los Feuillants. Al día siguiente, la familia real es transferida a la cárcel del Temple. Durante las matanzas de septiembre, la princesa de Lamballe, víctima simbólica, es salvajemente asesinada y su cabeza se exhibe en la punta de una pica, paseándola por delante de las ventanas tras las que se halla María Antonieta. Poco después, cuando ya la guerra ha empezado, la familia real queda retenida por la Convención. A principios de diciembre, se descubre el "armario de hierro" en el que Luis XVI guarda sus papeles secretos. El proceso, a partir de ese momento, es inevitable.

El 26 de diciembre la Convención vota a favor de la muerte de Luis XVI, que es ejecutado el 21 de enero de 1793. El 27 de marzo Robespierre pregunta, por primera vez, delante de la Convención, por la suerte de la reina. El 13 de julio el delfín es separado de su madre y confiado al zapatero Simón. El 2 de agosto es María Antonieta la que es separada de sus hijas y conducida a la Conciergerie. Su interrogatorio empezará al día siguiente.

El 3 de octubre de 1793, María Antonieta es puesta a disposición judicial ante el Tribunal revolucionario, presentándose como acusador público Fouquier-Tinville. Si en el juicio de Luis XVI, se había intentado guardar las apariencias de una cierta equidad, no se hizo así con el proceso a María Antonieta. El dossier se prepara a toda prisa es, a todas luces, incompleto, Fouquier-Tinville no logra encontrar todos los documentos de Luis XVI.

Para exagerar la acusación, Tinville hace declarar al delfín contra su madre. Delante del tribunal, el niño acusa su madre y a su tía de haberle incitado a la masturbación y haberle obligado a ciertos juegos sexuales. Indignada, María Antonieta, pide que las mujeres la defiendan. El motín es evitado por poco.

Se la acusa, asimismo, de entenderse con las potencias extranjeras. Como la reina lo niega, Herman, presidente del Tribunal, la señala como "la instigadora principal de la traición de Luis Capeto": lo cual presupone un proceso por alta traición. El preámbulo del acta de acusación declara asimismo: "Examinados todos los documentos presentados por el acusador público resulta que, a semejanza de las Mesalinas Brunegilda, Fredegunda y Médicis, que fueron calificadas como reinas de Francia y cuyos nombres, para siempre odiosos, no figurarán en los anales de la historia, María Antonieta, viuda de Luis Capeto, ha sido, después de su paso por Francia, la plaga y la sanguijuela de los franceses".

Las declaraciones de los testigos de cargo resultaron poco convincentes. María Antonieta contesta que ella "No fue más que la esposa de Luis XVI, que fue él el que cometió los errores y que ella aceptó su voluntad". Fouquier-Tinville pide la pena de muerte y declara a la acusada: "enemiga declarada de la nación francesa". Los dos abogados de Maria Antonieta, Tronçon-Ducoudray y Chauveau-Lagarde, jóvenes e inexpertos, desconociendo el dossier, sólo pueden leer, en voz alta, algunas notas que han podido redactar.

Cuatro preguntas se dirigen al jurado:

1.- ¿Se tiene constancia de que hayan existido maniobras y contactos con las potencias extranjeras u otros enemigos exteriores de la República?, ¿las mencionadas maniobras y contactos tenían como objetivo proveer ayudas monetarias, dar entrada al territorio francés, y facilitarles la compra de armas?

2.- ¿Maria Antonieta de Austria (…) tiene conciencia de haber cooperado en estas maniobras y contactos?

3.- ¿Se tiene constancia de que existe un complot y una conspiración para conducir a una guerra civil en el interior de la República?

4.- ¿María Antonieta está convencida de haber participado en este complot y esta conspiración?

A estas cuatro preguntas el jurado responde que sí. María Antonieta es condenada a muerte el 16 de octubre, acusada de alta traición. De madrugada escribe una carta a Madame Isabel, la hermana de Luis XVI: "Acabo de ser condenada, no a una muerte honrosa, que se reserva para los criminales, pero voy a reunirme con vuestro hermano". Al mediodía del día siguiente María Antonieta es guillotinada, sin haber querido confesarse con el sacerdote constitucional que le habían propuesto. Está enterrada en el cementerio de la Madeleine, calle de Anjou-Saint-Honoré. Su cuerpo fue exhumado el 18 de enero de 1815 y transportado el 21 a Saint-Denis.

En su descargo y por lo que se deduce de una carta escrita a su hermano, parece ser que ella no tuvo nunca ninguna influencia acerca de las decisiones políticas tomadas por del rey. "Yo sé que, sobre todo en las cuestiones políticas, no he tenido ningún ascendiente sobre las ideas o pensamientos del rey. ¿Sería prudente para mi el tener con su ministro algunas entrevistas para tratar de ciertos asuntos sobre los cuales él está casi seguro que el rey no me atendería? Sin hacer ostentación alguna ni mentir, yo dejo creer al pueblo que tengo más crédito del que en realidad tengo porque si no se me cree tendré todavía menos crédito".

Tras la ejecución de María Antonieta se declaró la guerra entre Francia y Austria, poniendo fin a la alianza establecida por Bernis y Choiseul, alianza que había resistido hasta ese momento.

De 1779 a 1800, la pintora Vigée-Lebrun pintó unos treinta retratos de

wikipedia

Entre tablados

Cuán curioso es adentrarse un poco entre los muros y paredes de esos supuestamente grandes personajes y saber en forma cierta el cómo viven: sus apetitos, sus gustos, sus miedos, sus deseos, sus tentaciones, sus miedos, sus inclinaciones, sus amores, sus aventuras y hasta sus desventuras.

Digo que es curioso, porque la mayoría de nosotros pudiese pensar que estos seres a quienes hoy llamamos «grandes personajes», también tuvieron sus sufrimientos y también sus «poses» quijotescas, de grandiosidad mal entendida o de avasallamiento que rayaba en un «importapoquismo» hacia su gente y hacia su pueblo.

Hay ocasiones que estos mismos personajes, al vérseles en situaciones normales, tras bambalinas, en realidad, son otros. Algunos pudieran aparentar ser muy fuertes, cuando, en realidad, no lo son. Qué pudiéramos decir de un político de segundo nivel (que teniendo un buen grado de importancia) es otro ante su jefe.

En las monarquías sucedía lo mismo. Hoy sigue sucediendo. Los tejes y manejes que se daban en las salas de los palacios, muchas veces en las alcobas de los amantes, eran, como ahora, siguen siendo, la comidilla del día. Nadie estaba exento a la mirada de los demás. Todos estaban bajo un mismo ojo, el del pueblo y el de sus allegados.


La archiduquesa

Fueron cosas de la vida lo que cambió de pronto la vida de toda Francia. Una reina entre vulgar y alegre, ingenua y simplista, cándida y picaresca. Una persona que cambiaría la vida de Francia. Una mujer que vendría de otro lugar y sería nombrada reina de Francia.

Su título nobiliario era el de archiduquesa. Su nombre completo fue María Antonieta Josefa Juana de Lorena y nació el 2 de noviembre de 1755 en el Palacio Imperial de Viena. Hija del emperador de Austria Francisco I y de María Teresa, María Antonieta fue apadrinada por sus hermanos José y Mariana, en nombre de los reyes de Portugal.

La emperatriz María Teresa y su esposo Francisco tuvieron dieciséis hijos y Austria no se conmovió por una archiduquesa más. De cierto modo, como que esto, poco les importaba. De ahí a que la infanta María Antonieta no haya recibido una educación, que pudiera llamarse, escrupulosamente buena.

Los archiduques austríacos tuvieron como sede educativa el Palacio de Schoenbrunn, una residencia de caza situada a unos seis kilómetros de Viena. El lugar es un verdadero sitio de descanso: parque, jardines y fuentes. Todo un conjunto habitacional, un auténtico palacio reedificado y embellecido por María Teresa.

La futura María Antonieta

Se sabe que mientras la emperatriz se entregaba de lleno a las tareas del gobierno, Francisco de Lorena se encargaba de la atención de sus hijos. Luego, a la muerte de éste, en 1765, no es extraño que la educación de María Antonieta se alejara mucho de la perfección que todo esto suponía.

María Antonieta era una niña alegre y juguetona, bonita y pizpireta; era algo distraída, pero esto se entendía. Por otro lado era inteligente, sin llegar a ser sobresaliente. No era una persona inclinada a ocuparse de cosas serias, simplemente iba tomando las cosas a como iban pasando.

Y es esta persona, frívola e ignorante, la que iría a ser el símbolo de alianza entre Francia y Austria. Una mujer que con ideas y sus caprichos, su educación o falta de ella, su ambición o su «dejarse llevar», condujo a una nación al desembarazo de su propia reina.

Los antecedentes

Austria, regida desde 1740 por María Teresa, se veía asediada por las ambiciones de Federico II de Prusia. Francia estaba en constante pugna con Inglaterra a causa de las colonias. La alianza entre Rusia e Inglaterra produjo inevitablemente la de Austria y la de Francia, alianza efectuada en 1756 por medio de un tratado, mediante el cual, después de siglos de rivalidad, ambas naciones volvían a unirse.

El canciller Kaunitz, consejero de la emperatriz, y Choiseul, ministro de Luis XV, rey de Francia, decidieron la necesidad de arreglar o concertar un matrimonio entre dos miembros de ambas familias reales. Se empezaron las consultas y los elegidos fueron el nieto de Luis XV, llamado Luis, y María Antonieta, la hija de María Teresa.

Luego, empezaron las negociaciones formales. Los planes matrimoniales se iniciaron en 1766. Todo esto, entre Choiseul y el embajador austríaco en París. Tres años más tarde todo estaba arreglado. Definitivamente ellos habían sido los elegidos: María Antonieta tenía catorce años, cuando el rey de Francia pidió oficialmente su mano para su nieto, el futuro Luis XVI.

Una nueva educación

Es indudable que la archiduquesa debía ser educada para ser reina. Muy pronto tendría que pasar de la vida libre y familiar a la que estaba acostumbrada en Viena, a la vida típica y ceremonial de la corte francesa.

Su instructor, el abate Vermond era quien se encargaba de la educación de la princesa. Veía que era muy viva y de gran ingenio, pero bastante distraída y perezosa. Tenía instrucción escasa y, a pesar de todo, era simpática y encantadora.

Sus primeras lecciones fueron sobre literatura y dominio de la lengua francesa. Intentaba a acostumbrarla a concentrar su atención en asuntos de interés general, pero poco conseguía. María Antonieta era una muchacha muy inquieta.

La boda

La boda se celebró por poderes, en Viena, el 19 de abril de 1770. A continuación María Antonieta partiría hacia su nuevo país. Su madre le había despedido otorgándole buenos consejos que habría de proseguir brindándole durante toda su vida, aunque la mayoría de las veces ante la total indiferencia de su hija.

Y se llegó el día. En una isla del Rin cercana a Estrasburgo, la novia fue entregada a una comisión francesa, de la que formaba parte la condesa de Noailles. En el bosque de Compiègne la esperaban los dos Luises, el rey y el delfín (título que se daba al primogénito del rey de Francia desde 1349), su nieto.

Luego, rodeados de bandas de música y una inmensa alegría, marcharon hasta Versalles, lugar donde se celebraría el auténtico matrimonio, el 16 de mayo de 1770. Ahí empezaría la delfina de Francia a vivir en ese escenario grandioso que era Versalles. Un lugar lleno de aduladores y gente intrigante, un sitio sumergido en una vida fantasiosa.

La corte de Versalles

La corte se hallaba, como ya dije, en Versalles, a poca distancia de París. Ahí, en el palacio real, lujoso y gigantesco, aquella niña (y ni tan niña...) de quince años, iba a ser la primera dama. Mientras, por el otro lado, Luis XV era viudo; sus hijas eran tres solteras intrigantes y había otra mucha gente que no encajaba, aunque sí molestaba.

La condesa du Barry, favorita del rey, no puede actuar de hecho como reina. Por eso, María Antonieta se ve convertida en el centro de una sociedad llena de etiquetas, que ella no puede ni quiere aceptar. Era demasiado para ella. Considera que es mucho pues se ve abrumada por un cargo repleto de obligaciones, la mayoría de las cuales no sabe comprender.


Los primeros años

En 1722 fue nombrado embajador de Francia en Viena el príncipe Luis de Rohan, más tarde cardenal, hombre de vida escandalosa, que con el tiempo habría de resultar de los más funestos en la vida de María Antonieta (por aquello del «caso del collar»).

Tres años viviría María Antonieta en la corte francesa sin visitar París. El camino de Versalles a la capital no era largo, unas seis horas a pie, dos horas apenas en un buen coche de la época. Lo cierto era que María Antonieta, claro que tenía ganas de conocer París, pero las etiquetas versallescas exigían grandes sacrificios: había que preparar de antemano todo.

Luego, además de las etiquetas, había otras cosas que retrasaban el viaje. Ya no solamente se trataba de preparar una fiesta espectacular para celebrar la entrada de los delfines. Ahora eran otros los motivos. Los parientes más próximos del joven Luis, sus tres tías, sus hermanos los condes de Provenza y Artois y sus respectivas esposas, y también la favorita del abuelo, la condesa du Barry, sonríen, miman y adulan a María Antonieta, pero desean que permanezca ingenua y maleable (esto, claro, con el fin de controlarla).

Temen que el viaje a París deslumbre a la joven y le haga comprender el magnífico porvenir que le espera. Temen que el homenaje del pueblo francés le muestre la categoría de que gozará cuando llegue a ser coronada reina. Y así fue como sucedió: la vida de París deslumbró a María Antonieta.


La entrada a París

La entrada se efectuó el 8 de junio de 1773. Acompañada de su esposo, María Antonieta recorrió el camino, de Versalles a París, en medio de gritos y aclamaciones. Su entrada fue hecha entre el retumbar de los cañones, recibiendo el homenaje de las autoridades.

La gente se le entregaba. Flores, pañuelos y otras muestras de cariño y simpatía. Así era como llegaba hasta el palacio de las Tullerías, donde miles y miles de franceses le aclamaban considerándola ya la futura reina, en quien ponían todas sus esperanzas.

Los viajes de María Antonieta

A partir de aquel día los viajes de María Antonieta a París fueron constantes. Eran viajes nocturnos, en busca de diversiones y placer. Ella, se divertía; su esposo, en cambio, se quedaba en casa. A ella le acompañaban sus cuñados, en especial el joven conde de Artois. Él, el joven Luis, hombre metódico y apocado, prefería el calor de hogar que los bailes y las fiestas a que era ahora tan adicta su joven esposa.

De delfina a reina

Cuatro años fue María Antonieta delfina de Francia; en 1774 dejaría de serlo para convertirse en reina. El 10 de mayo de ese año moriría, víctima de viruela, el viejo Luis XV. Un nuevo mundo se abría ante María Antonieta y para los franceses.

La muerte del rey era para sus súbditos un alivio. Ahora tendrían como guía un joven del que todo se esperaba; su sencillez y su modestia prometían días de bienestar para la pobre y decaída Francia, pero ni Luis XVI ni su esposa se preocuparon de Francia.

El reinado

El rey tenía veinte años cuando subió al trono; era alto, rechoncho, torpe y tímido; la caza era para él más interesante que cualquier otra cosa, incluidos los asuntos del Estado. La bondad y la buena voluntad eran sus virtudes, pero ambas se veían opacadas por una inteligencia bastante mediana y un carácter pusilánime.

María Antonieta, por otro lado, a quien su madre no dejaba de aconsejar por carta para que se interesara por el gobierno de su país, rindió sus buenas cualidades ante la pereza y vanidad. Jamás quiso molestarse por dirigir la política francesa y sí, en cambio, llamar la atención en el campo de la coquetería, los trajes, los peinados, los bailes y los juegos, que eran su mundo.

La consagración de Luis XVI

La consagración de Luis XVI se efectuó el 11 de junio de 1775 en la catedral de Reims. La vida de los reyes continuó siendo la misma. Ella viajando y divirtiéndose en París, él quedándose en Versalles. Ella teniendo a su disposición una servidumbre propia, vestida con librea rojo y plata; él aguantando sus caprichos.

Y es obvio que pronto surgirían los problemas. Durante largo tiempo los juegos de azar fueron para María Antonieta una de sus diversiones favoritas. El rey no estaba de acuerdo, se lo había prohibido, pero ella poco le hacía caso. Ella era la reina y tenía que divertirse.

Empiezan, pues, a surgir los problemas. Ya no solo eran sus escapadas, los juegos de azar, los bailes u otras cosas más íntimas. María Antonieta buscaba ante todo tener un juguete, algo con qué tener que divertirse. Luis XVI le cede un pequeño palacete, llamado el Trianón. Un lugar situado cerca de Versalles, que pasaría a ser de su propiedad particular.

Construye en él un parque, una aldea, un lugar cual si fuera su propio reino donde satisfacer sus caprichos y sus más caros deseos. Un lugar donde mandase construir su propio teatro, en el que a veces actuaba la propia reina y varios nobles de la corte. Un lugar, que en su conjunto, tuviese un costo aproximado de dos millones de libras esterlinas (y de aquellos tiempos...!).

Los despilfarros

Los despilfarros de la corte eran exagerados. Al principio del reinado se había intentado resarcir la economía, pero los programas, como los «pactos», no habían tenido efecto práctico alguno. Había, como lo sigue habiendo ahora, infinidad de cargos palaciegos; la casa civil del rey estaba compuesta por 4,000 personas , y, la militar por 10,000 gentes.

Además, los sueldos reglamentarios, las pensiones y los donativos, los subsidios y los sobresueldos ocasionaban grandes dispendios. Por ejemplo, en una semana se llegaban a otorgar 128,000 libras de pensión exclusivamente en lo que concernía a las damas de la corte.


El matrimonio

En 1777 aún no se había consumado el matrimonio de Luis XVI y María Antonieta. El peligro que acechaba a la reina, rodeada de jóvenes galantes, era evidente. Algo se tenía que hacer. Ese año visita Francia José II, emperador de Austria, junto a su madre María Teresa.

Nuevamente la madre de María Antonieta le hace ver que tiene que hacer algo. Su hermano también hace lo mismo. Le dan buenos consejos, aunque ella poco los toma en cuenta. Deseaban que fuese una reina dedicada, trabajadora y razonable, pero María Antonieta como que no era de ese carácter.

Si bien no lograron mucho en sus consejos, lo que sí lograron fue que con sus reflexiones condujeran a María Antonieta a la consumación del matrimonio. El 19 de diciembre de 1778 nacería una princesa y, aunque no era el ansiado heredero al trono, las fiestas fueron innumerables.

María Antonieta, al menos algo había cambiado, aunque no de todo. Cariñosa y amable, sintió desde el primer momento los impulsos del amor maternal, pero no por eso abandonó su vida de diversiones. Las reuniones del Trianón continuaron. Los despilfarros siguieron igualmente y en mayor cantidad. Los cargos y el dinero todo esto implicaba para María Antonieta fueron una de las causas más importantes de la impopularidad de la reina.

Nuevos problemas

En 1778 empieza a frecuentar las reuniones de la reina un noble sueco: el conde Hans Axel de Fersen. Estudia y viaja por Europa y se detiene en Versalles. Conoce a la reina, se interesa por ella y empiezan las murmuraciones. No se sabe a fondo con certeza la cuestión de las relaciones entre Fersen y María Antonieta; de lo que no cabe duda es la ayuda y gran consuelo que le dio durante sus tiempos de desgracia.

En 1780 muere la emperatriz María Teresa. Con ella desaparece la que fuera la mejor guía para María Antonieta. Al año siguiente nace el delfín que esperaba Francia. Fiestas espléndidas celebran el nacimiento del príncipe, que sólo viviría ocho años.

No todo terminaba aquí. La guerra entre los ingleses y los americanos terminó en 1783, Inglaterra reconocía la independencia de Estados Unidos. Francia tomaba nota. Su situación empeoraba y se iba desarrollando en ella el espíritu que daría lugar a la Revolución.

Había muchas causas que habían ayudado a ello. En primer lugar hay que tener en cuenta la labor de los escritores franceses quienes con sus anhelos de reforma y sus ataques a la constitución de la sociedad de la época estaban haciendo añicos a María Antonieta y la forma en cómo se conducía el gobierno de su esposo. Todo era ya insoportable.

¿Hasta cuándo?

Esta era la pregunta que se hacían todos los franceses, ¿hasta cuando?. Lo cierto es que estaban hartos de la situación, ésta era insoportable. La economía estaba por los suelos, los precios subían, no alcanzaba para nada. Se prometían muchas cosas, se hacían pactos, se hacían alianzas, pero todo era inútil, las promesas y los esfuerzos de nada servían.

La situación económica de Francia era inaguantable: la administración confusa y heterogénea, estaba dominada por la trivialidad y la corrupción; la justicia se administraba de un modo sumamente parcial y arbitrario; la nobleza y el clero poseían privilegios de abuso; el comercio estaba lleno de trabas; el campesino y el obrero se hallaban en la miseria y pedían pan como primera solución a sus problemas.

A pesar de todo, los franceses no pensaban todavía en una República. Todas sus ansias iban encaminadas a reorganizar la monarquía, a reformar la administración del país en todos sus aspectos. Aún creían en que los de arriba podían hacer algo, pero poco a poco se dieron cuenta de que no era así.


Cunde el descontento

Y empezó realmente a cundir el descontento. Una de sus primeras salidas fue contra la reina. La fiestas, las diversiones y la indiferencia de María Antonieta hacia el pueblo le hicieron perder el cariño y la admiración de éste. Si en un principio se le veía como una niña o una reina ingenua y divertida, pasó a ser todo lo contrario. María Antonieta era para ellos la peor de las reinas. Una mujer que no servía para nada, que sólo le gustaba derrochar dinero en su propios gustos y pasiones.

En marzo de 1785 nace el príncipe Luis, que había de ser proclamado delfín a la muerte de su hermano. Al año siguiente tuvo María Antonieta su último hijo, la princesa Sofía Beatriz, que sólo vivió once meses. El mismo año del nacimiento de su segundo delfín habría de soportar la reina una larga serie de problemas y contratiempos, entre ellos, el «asunto del collar» (que por falta de espacio me es imposible, aquí, explicar).

Se trataba de un collar valuado en una altísima cantidad de dinero. La reina no lo puede comprar, pues su marido se opondría a ello. Intervienen varios estafadores, entre condesas, damas y caballeros. También involucran a un cardenal. El collar nunca llega a su destinatario. Unos cuantos son los que se hacen ricos y la culpa recae sobre María Antonieta.

La debacle

El proceso del collar sirve para poner a la luz del día muchas intimidades -unas falsas, otras verdadera- de la corte francesa. La reina se convierte en símbolo de la decadente monarquía y se concentra en su persona todo el odio del pueblo.

La situación financiera se agrava día a día. Las reformas, pactos y alianzas intentados por los ministros no conducen a ningún resultado práctico. El desorden imperaba en todas partes, todo mundo criticaba y nadie obedecía; el pan faltaba y el dinero se había agotado. La situación es inaguantable y se convoca a los Estados Generales.

El 5 de mayo de 1789 tiene lugar en Versalles la solemne ceremonia de apertura de los Estados Generales. Los reyes acuden a la inauguración y María Antonieta se ve obligada a soportar la frialdad, los desaires y hasta abucheos de la gente. Por otro lado y al mismo tiempo, su hijo mayor languidecía en su lecho de muerte.

Nobleza, clero y pueblo (las tres órdenes que constituían los Estados Generales) no se ponen de acuerdo. El 17 de junio, el tercer Estado, el pueblo, se constituye en Asamblea Nacional, y el 20 proclama el principio de revolucionario de la soberanía del pueblo. El 9 de julio la Asamblea toma el calificativo de Constituyente y se crea una comisión que trabaje para la formulación y redacción de una Constitución. El 14 de julio el pueblo de París, amotinado, se apodera de la Bastilla, la prisión del Estado. Empieza la revuelta y la libertad de Francia.


Nuevos descalabros

A principios de 1790 muere su hermano, el emperador José II. Con él pierde María Antonieta su más fuerte apoyo en el extranjero. Todo se desmorona, los reyes tienen que regresar a París. El viaje de vuelta es lento y penoso. Su entrada a París se ve plagada de insultos y vituperios para ambos, aunque especialmente todos dirigidos a María Antonieta.

Más tarde, todo vuelve a derrumbarse. Al triunfo de la República, toda esperanza muere para Luis XVI. Era el 21 de septiembre de 1792. Poco después el rey era separado de su familia, sometido a proceso y condenado y sentenciado a muerte. El 20 de enero de 1793 se le permite reunirse con su familia. Se trataba de la despedida. Al día siguiente el rey era guillotinado en la plaza de la Revolución, hoy plaza la de Concordia.

Y ahora María Antonieta

Y tocábale el turno, ahora, a María Antonieta. El 1 de junio de 1783 empezaba el último capítulo en la vida de María Antonieta. Un decreto de la Convención la convierte en acusada y ordena el traslado a la Conserjería. Tiene aún seguidores y admiradores, pero ya nada puede hacer.

El 12 de octubre comienza su proceso. En los interrogatorios surgen nuevamente las viejas y antiguas cuestiones de los despilfarros, de las calumnias, de los libelos, y del asunto del collar. La pena de muerte se acuerda entre todos. La condenada escucha la sentencia con tranquilidad, haciendo gala de su magnífica serenidad.

María Antonieta es guillotinada el 16 de octubre de 1793. Vestida de blanco, cubiertos sus cabellos por una cofia, María Antonieta recorre el camino desde la Conserjería hasta la plaza de la Revolución (La Concordia), sobre la carreta del verdugo, afrentando las burlas de la gente.

Ni su cuerpo ni su alma dan señales de abatimiento. Diez mil personas se agolpaban para ver la cabeza de la reina rodar. Ahí, todos rodeando la guillotina, esperaban la caída de la hoja. El hecho se consumó y María Antonieta pasa a un segundo plano de la vida.

geocities

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28 Septiembre 2006

Las vidas de Celia

El film, que está interpretado por Najwa Nimri y Luis Tosar, narra el fracaso del intento de suicidio de Celia que se entremezcla con el cruel asesinato de una adolescente que vive en su edificio.

'No me atrajo especialmente la idea del suicidio, sino la del personaje, una chica que se siente realizada, tiene la familia perfecta hasta que un día descubre algo que la hace cambiar', explicó Antonio Chavarrías.

El porqué de este cambio es el 'leit motiv' de la película y se mantiene en secreto hasta el final. El hecho de que la historia de Celia se mezcle con un asesinato 'es una manera de forzar a los personajes a enfrentarse con la realidad'.

Luis Tosar da vida en la película al policía que investiga el caso y para preparar el personaje pasó varios días en el Departamento de Homicidios de la Policía. 'Lo que quería no era tanto descubrir las rutinas de la policía, sino su manera de ser', dijo.

'La vida del policía es muy dura, siempre se lleva el trabajo a casa, un poco como la vida del actor', aseguró Tosar, al que le sorprendió la frialdad de los agentes al tener que trabajar con sucesos tan 'macabros' cada día.

El reparto de 'Las vidas de Celia' lo completan Àlex Casanovas, Aida Folch y los actores mexicanos Daniel Giménez Cacho y Jimena Ayala.

Resto de información en su blog:
http://lasvidasdecelia.blogspot.com/

Tags: cine, realizar

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27 Septiembre 2006

NUEVE VIDAS de Rodrigo García

Hay personas especiales… seres sensitivos, altamente receptivos, perceptivos. No podemos negar que hay verdaderos artistas de las sensaciones y los sentimientos. En toda disciplina hay maestros de lo sensible, de lo emotivo: pintura, música, fotografía, danza, literatura, teatro… cualquier arte.
Pero si tuviéramos que aunar todas esas disciplinas en una sola, podríamos pensar en el cine como la que las unificara en un único marco, el marco audiovisual. En el cine hay verdaderos artistas en todas y cada una de sus especialidades: dirección artística, maquillaje, montaje, guión, dirección, sonido, fotografía…
Cuando un equipo de artistas, magníficos en sus propias especialidades se juntan para arropar a un estupendo elenco de actores y se logra plasmar en imagen y sonido lo que éstos últimos son capaces de dar, podríamos decir que el equilibrio artístico tiene lugar.
Suene ostentoso o no, el equipo dirigido por Rodrigo García (director de “Cosas que diría con solo mirarla” e hijo de Gabriel García Márquez) es un buen ejemplo de esta compenetración profesional-sentimental en su última película, “Nueve Vidas”. Una película de bajo presupuesto rodada con muy pocos actores (Dakota Fanning, Glenn Close, Holly Hunter, Jason Isaacs, Joe Mantegna, Aidan Quinn, Miguel Sandoval, Sissi Spacek, Robin Wright Penn…) de gran calidad dramática, que tuvieron que aprenderse el papel de memoria totalmente puesto que el director había decidido rodar cada una de las historias del tirón, sin cortes, sin montaje de planos.

Para lograr este efecto teatral de interpretación continua se tuvo que grabar en 16mm porque los rollos de película de este formato tienen mayor duración que los de 35mm, el habitualmente utilizado en cine. Debido a este formato notaréis que la calidad de la imagen, el color y la luz, es algo más “tosca” (en términos fotográficos, se ve más “grano”) que la de las imágenes habituales en 35mm, lo cual a mi parecer ayuda muchísimo a la película, un conjunto de nueve pequeñas secuencias cada una de las cuales nos presenta en instante íntimo concreto de la vida de nueve mujeres diferentes.
Pequeñas historias intimistas a tiempo real que se entremezclan dando lugar a esa mágica sensación que es la casualidad; esos curiosos encuentros que bien llevados a la pantalla provocan una verdadera sensación de lo que unos llaman magia del destino y otros coincidencias del azar.
Quizá donde resida el corazón de esta historia, su verdadero sentido, su valor artístico y emocional, está en la cotidianeidad de las situaciones que nos presenta; la sensación de que las historias que vemos en la pantalla, sus personajes, son personas como nosotros, con sus virtudes y sus defectos, cuyas vidas y situaciones que se les plantean, son tan tremendamente crudas o tan magníficamente maravillosas como las que se nos plantean a nosotros día tras día.
¿Quién puede negarme que el cine es un proceso continuo de identificación o negación entre el espectador y las historias que se proyectan en la pantalla?
El cine es cine porque es vida, de la vida nace el cine, y del cine nace la vida. Nueve vidas, nueve cines… nueve instantes para reír y llorar; aceptemos el juego del celuloide, el juego de la vida, y disfrutemos, durante aproximadamente dos horas de metraje, de las vidas de otros y otras que quizá nunca existieron en sí mismos, pero existen en nosotros cada momento vivimos.
Para los fanáticos de los subniveles de la palabra, del verdadero significado que hay detrás de nuestros gestos y miradas, para amantes del ser humano y diseccionadores del ser humano… Nueve vidas.

* Nueve vidas
Estreno el 22 Septiembre 2006


(Información recogida de www.topmadrid.com)

Tags: cine

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25 Septiembre 2006

¿Las tortugas vuelan?

De la forma más casual (en el buscador de blogger!) me he encontrado con este post...¡donde se preguntan si las tortugas vuelan! Desde el blog de las tortugas voladoras, publico este post encontrado en el blog de Marta Yolanda Díaz Durán (Guatemala):

¿Vuelan las tortugas? Inquietante interrogante que, en una forma metafórica, sugiere esta perturbadora producción iraní/iraquí del año 2004, llamada “Lakposhtha hâm parvaz mikonand” y traducida como “Las tortugas también vuelan”. A la pregunta planteada al comienzo, por simple lógica, la mayoría respondería que las tortugas no vuelan. Sin embargo, recordando el tropo literario utilizado en varias ocasiones en el filme, para contestar primero debemos cuestionarnos, ¿por qué quieren volar?
Visto fríamente, el argumento trata sobre la vida de los habitantes de una aldea del Kurdistán iraquí, en la frontera entre Irán y Turquía, los cuales compran una antena parabólica para escuchar las noticias relacionadas con el inminente y esperado ataque estadounidense a Irak. No obstante, sin necesidad de un transmisor, un adolescente mutilado, que viene de otro pueblo con su hermana y un infante, tiene una premonición: la guerra está cada vez más cerca. Empero, a este relato no podemos aproximarnos desapasionadamente: nos entregamos a él.
El director y guionista kurdo/iraní, Bahman Ghobadi, elige como personajes a una caterva de huérfanos, muchos de ellos lisiados, víctimas de la dictadura de Saddam Hussein. El resultado es angustioso. Devastador: la existencia cotidiana de criaturas que podrían estar estudiando y soñando con el mañana en vez de dedicar su día a buscar minas terrestres para venderlas, y así procurarse el dinero indispensable para su manutención. Pero, lo más impactante, es su respuesta ante las circunstancias adversas: dentro de la miseria en que viven, se apoyan, cooperan e intentan salir adelante. No renuncian a la risa, al juego y a la búsqueda de la felicidad. O al menos, casi todos. ¿Para quién el futuro ya no tiene valor?
Ghobadi construye un trama que parte del aprecio que el líder del grupo, apodado Satélite, siente por sus compañeros, y en especial por Agrin, una niña que esconde un secreto fatal. Ella, Hangao (su hermano que perdió ambos brazos) y Rega (el pequeño ciego que apenas habla), son los protagonistas de esta película dolorosa, cruda, que conmueve y demanda un público comprometido que resista el drama que narra. Ninguna otra cinta, hasta hoy, me ha sensibilizado tanto como esta poética ficción ¿o realidad? de las tortugas voladoras. Los papeles principales estuvieron a cargo de Avaz Latif (Agrin), Soran Ebrahim (Kak, Satélite), Hiresh Feysal Rahman (Hangao) y Abdol Rahman Karim (Rega).
Si esta tragedia no nos invita a reflexionar sobre las consecuencias de la ambición de poder de uno o unos pocos, y el ejercicio totalitario que del mismo hacen para mantenerlo, nos quedan escasas posibilidades para reconocer la verdad detrás de los muros y las cortinas alzadas por los déspotas.
Vuele, como las tortugas del cuento. Sin duda, se contagia la esperanza de seres capaces de levantar la vista y mirar hacia el frente a pesar del fuego cruzado.
Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno” el lunes 18 de septiembre de 2006. Originalmente fue escrito para publicarse en la Revista Orbe.

Increíble la coincidencia...pero cierto...tan cierto como que las tortugas vuelan...

Tags: tortugas, cine

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Sobre mí

Xing Xing y Neo creamos este blog para tener aquí nuestro espacio de recuerdos, de canciones, de pensamientos, de curiosidades, de temas que nos interesan.

Irá creciendo, día a día, mientras dure nuestro vuelo....

Dos tortugas estaban enamoradas del sol, la luna y las estrellas. Miraban al cielo cada noche y estiraban la cabeza para ver los astros más de cerca. Ocurrió un día que estas dos tortugas se encontraron. Supieron en unos instantes que compartían la misma pasión. Entonces una preguntó a la otra que si deseaba volar hacia las estrellas y recibió un sí por respuesta. Innmediatamente dijo la tortuga: '¡Pues volemos!', y se convirtieron en dos tortugas voladoras.

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