Lo importante es saber que el sol es eterno, lo único que a veces se esconde por un mal tiempo. Por eso es importante subir y subir para traspasar esos nubarrones y disfrutar de los rayos de amor.
En esa subida sufres, te mojas, te endureces. Esto hace que llegues arriba con confianza. Esa confianza que te has ganado por el largo caminar y ha creado un muro infranqueable por las adversidades.
Hay gente que se cansa pronto, que no es luchadora, que no le importa saborear las mieles de la llegada, las acaricias del triunfo, las “penetraciones” del bienestar.
Quieren llegar sin pasar las etapas previas, saltándose los momentos de lucha, negando el sufrimiento al caminar.
Estas subidas son muy verticales, para ir rápido, pero tienen un problema, la caída también es más vertical, mucho más brusca y cruel.
Es necesario ir bien equipado, motivado y con muchas ganas de disfrutar la aventura. Imprescindible llevar en la mochila lealtad, comprensión, sinceridad, alegría y mucho cariño. Dejar en casa los orgullos, dogmas, represiones, sentimientos negativos e inseguridades.
No podemos olvidar que para este bello caminar, necesitamos una guía, una linda “Estrella” que nos llene de luz en esos momentos de oscuridad. Que nos indique el camino cuando estamos perdidos. Que en cualquier situación y lugar, puedes contemplarla y estar en paz con el mundo, aunque fuera este lloviendo lagrimas de amargura.
Es difícil conseguir esta brújula de amor, si tienes suerte y te encuentras con ella, no la pierdas, su valor es infinito.
Con esto os digo, no os canséis, no dejéis de caminar…